jueves, 5 de octubre de 2017

El Emprendimiento, ¿Algo Nuevo?



Hoy estuve participando en una charla de emprendimiento es un término que lo estamos escuchando frecuentemente. Muchas personas están comenzando nuevos negocios tomando en consideración su propósito de vida y al analizarlo desde el punto de vista de la gerencia podemos interpretar que esas personas deben tener misión, visión, valores y objetivos para el éxito en ese nuevo negocio.

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Ahora volvemos a la pregunta inicial: ¿será el emprendimiento algo nuevo? Eso me hizo recordar una historia de unos tíos. En los años 80 lo mejor era encontrar un empleo, tener estabilidad laboral para comprar la casita, el carrito, dar educación a los hijos y pare de contar. En esa misma realidad se encontraban Juan y Luisa, una pareja joven con un montón de sueños y responsabilidades que cumplir, ya tenían una niña y venia en camino el hijo varón. Juan trabajaba en una industria petrolera, y luisa como buena ama de casa le preparaba a su esposo el desayuno para que se lo llevara al trabajo, una tremenda arepa rellena. Al momento de tomar el desayuno un compañero de trabajo de Juan miró lo que estaba comiendo y le pide para probar, al instante su amigo le pregunta que si su esposa no podría llevarle a él el desayuno todos los días, ya que estaba soltero y no le daba tiempo en la mañana de preparar algo. A partir de ese momento ya eran dos desayunos que llevaba Juan al trabajo; se corrió la voz por la empresa y al cabo de un tiempo ya eran varios los clientes.

Por otro lado Luisa se quedaba en la casa haciendo los quehaceres del hogar, lavando, limpiando, cocinando, una tarde se decidió a elaborar unos suspiros y en la tarde le da a su hija para que comparta con sus amiguitos que se encontraban jugando. Para su mayor sorpresa más tarde llego una de las vecinas, madre de uno de los amigos de juego de su hija a preguntarle cuanto costaban los suspiros ya que el fin de semana tenía una reunión en su casa y quería unos por encargo. A partir de allí empezó el emprendimiento de la protagonista de la historia.

Se culmina el contrato de Juan y se queda sin empleo, ¿sería buena o mala suerte?, no lo sabemos, pero lo que si podemos afirmar que fue el comienzo de un nuevo negocio, Luisa ya preparaba una diversidad de postres, entre ellos el brazo gitano (lo recuerdo y se me hace agua la boca), y lo que no sabíamos es que Juan tenía un gran talento para pintar. 

¿Cómo unimos la pintura con la repostería?

Allí fue donde apareció de la nada la capacidad distintiva, lo diferente del negocio, en esa época no teníamos la magia de las impresiones en hojas de arroz, así que las tortas se convirtieron en un lienzo para Juan, las mangas y boquillas en pinceles, el nevado de mantequilla y los colorantes vegetales en pintura y el resultado era sencillamente una obra de arte.

Aquí es donde nace Dulces el Encanto, un negocio que se dedico por más de tres décadas a deleitar un pueblo con tortas, dulces y pasapalos para fiestas, cumpleaños, bautizos, graduaciones, etc. 

Los emprendimientos que son sustentables se originan desde la pasión, uniendo las capacidades y las oportunidades del entorno para crear esa ventaja competitiva. La diferencia que se tiene en la actualidad es que existen distintas herramientas para descubrir nuestra misión y tener una visión del futuro deseado, tomando en cuenta nuestras aptitudes e idear las estrategias necesarias para logras los objetivos planteados y algo que no debemos olvidar es que todo debe estar alineado con nuestros valores.

En este momento conocemos herramientas como el Coach, Programación Neurolinguistica, Planificación Estratégica Personal y muchas otras.

¿Identificas los emprendedores de tu familia?


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domingo, 10 de septiembre de 2017

Una empresa exitosa con una parranda de ineptos.



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Hace algunos años trabaje en una empresa constructora, llegue allí de manera accidental. Eran pocas personas, un personal administrativo que contaba con la administradora y dos asistentes, también estaba una persona que con su moto se encargaba de realizar todas las diligencias de la empresa, desde ir al banco hasta buscar los botellones de agua para los filtros, también la señora de limpieza que iba dos veces por semana. En la parte técnica habíamos un tren de profesionales que realizábamos las actividades de proyectos de la empresa, gerente de proyectos, planificador, arquitectos, ingenieros, etc.

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Pudo haber sido una de las mejores empresas de la zona, pero tenía un solo problema, su dueño. Eustaquio González, él estaba en la empresa solo dos días a la semana, viernes y lunes, lo expreso de esta manera ya que la pesadilla empezada desde el ultimo día laboral de la semana. Eran momentos sencillamente estresantes, conflictos laborales, discusiones e insultos era lo que reinaba eso dos días. Era una empresa donde el sueldo económico era excelente, pero había un total descuido en el sueldo emocional y espiritual.

Según Miguel Ángel Cornejo,  afirma que existen tres tipos de sueldo, el económico que corresponde al que percibimos por nuestro trabajo, el emocional asociado al reconocimiento del trabajo, que la persona sienta que su labor se encuentra valorada. Por último pero no menos importante, el sueldo espiritual, orientado a sentirnos bien dónde estamos y con lo que estamos haciendo.

Aun recuerdo cuando Eustaquio llegaba a la oficina de administración con la afirmación “no sé qué está pasando en esta empresa, pero lo que estamos contratado es pura GORDA”, con suma arrogancia y desdén. Las jornadas en la empresa en ausencia del dueño marchaban muy bien, cada quien se ocupada de hacer su trabajo, haciendo de esos escasos tres días de la semana el mejor trabajo del mundo, existía un ambiente de cordialidad, hasta nos turnábamos para hacer alguna que otra merienda en un break a media tarde y compartíamos anécdotas, hasta bromeábamos diciendo que éramos el Gordel-Club, tan solo 10 minutos para cambiar el enfoque de trabajo. También había disposición de colaborarnos en las actividades, si yo me encontraba ajetreado de trabajo y los demás había terminado sus tareas se abocaban a ayudarme para que todo saliera bien y si era al contrario pasaba lo mismo. Éramos un equipo de alto desempeño pero no estábamos siendo reconocidos ni valorados.
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El viernes y lunes escuchábamos frecuentemente la frase “Tengo una empresa exitosa con una parranda de ineptos”, si analizamos la frase, una empresa es exitosa cuando es rentable, está a la vanguardia, cumple con su misión, visión, objetivos y estrategias, además tiene un excelente clima laboral, los empleados se encuentran motivados. Así que es totalmente inexplicable que una empresa con las características antes descritas tenga como empleados una parranda de ineptos.

Es indispensable que en toda empresa u organización exista un equilibrio en los distintos tipos de sueldo. Una remuneración adecuada al trabajo por el cual nos contrataron, recompensas económicas que motiven en la ejecución de las tareas, además se debe reconocer el esfuerzo y los meritos de todos los empleados, muchas veces se reprende por un trabajo mal hecho, pero no felicitamos cuando encontramos la excelencia en una actividad, además debe invertirse para que exista cohesión de los equipos de trabajo, mejorando el clima organizacional y permitir que todos los empleados estén en armonía y así construir un ecosistema laboral agradable.

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Ya han pasado unos 6 años desde que pase por esa empresa y doy gracias a dios por todo lo aprendido.

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Edgar Salvador Millán Torres

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domingo, 25 de junio de 2017

Individualista Vs Espiritu Colaborador



Teodoro Magallanes, oriundo de un pueblo al que denominan la Atenas del Guárico, Zaraza. Me contaba hace unos días las cosas que ocurrían en su oficina. Afirmaba que había personas que solo tenían gríngolas y se dedicaban únicamente a cumplir con su trabajo. También me comentaba que había otras personas que tenían una actitud colaborativa y que ayudaban a todo el mundo en sus labores, incluso se olvidaban de su propio trabajo.

 En ese instante recordé que Peter Senge en su libro “La Quinta Disciplina” aborda siete barreras que solemos encontrar en las organizaciones. Teodoro identifico dos de esas  barreras.

Yo soy mi puesto. Es una de las barreras que solemos encontrar en las organizaciones. Personas que le tienen una lealtad a su puesto de trabajo, sin mirar más allá. 

Cambiando un poco el enfoque podemos visualizarlo desde la perspectiva de un título universitario. Confundimos lo que estudiamos con nuestra propia identidad. En cursos o talleres de los que he asistido se les dice a los participantes que se presenten. La respuesta generalmente corresponde a los títulos que tienen, estudios de postgrado, etc. 


¿Si nos quedamos sin empleo? Muchas veces a partir de esto debemos redefinir nuestra visión. Pero nos encontramos con esa barrera limitante. YO SOY INGENIERO y no puedo hacer nada más.

Aprendamos cosas nuevas que no tengan nada que ver con nuestra profesión.

Debemos como lideres hacer saber a nuestro equipo de trabajo que su influencia va más allá de un cargo. Son pieza fundamental para conseguir resultados grupales y alcanzar los objetivos de la empresa. De esta manera y de forma gradual se van sintiendo que son parte de un sistema, aumentando el grado de responsabilidad.

Por otro lado tenemos el polo opuesto. La ilusión de hacerse cargo.  Muchas veces nos encontramos con personas que dicen llamarse “proactivas”, están dispuestas a hacerse cargo, asumir retos. 


 Le comentaba a Teodoro que una empresa que había visitado deseaba reinventarse. En ese momento querían liderar un proceso de digitalización en toda la empresa. Tenían dos opciones comprar los sistemas informáticos o crear un departamento de sistemas computacionales y realizar la transformación según los requerimientos internos. Algunos de los directivos decían asumamos el reto, otros decían la mejor opción es outsourcing. ¿Será que en algunos casos ser proactivo es una reactividad disfrazada? 

También le decía a Teodoro que podía hacer una analogía del trabajo y la vida personal. Nos encontramos con personas que se avocan a ayudar a sus amigos, hermanos, primos, pareja, conocidos, etc. Y se olvidan de ellos mismos. Dejan de hacer sus propias cosas por colaborar con los demás. Desde mi humilde perspectiva debemos de ocuparnos de nosotros para poder colaborar con lo demás.


Una solución para esta situación es evaluar si los retos que vamos a sumir valen la pena. Y por otro  debemos cumplir con nuestras responsabilidades para poder ayudar a los demás. Este ultimo aspecto lo llamo autorespeto.

 
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Edgar Salvador Millán Torres

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